Acceso de usuarios
Secretaría de Gobernación
Ruta de Navegación
Título de sección

Segundo Lugar

Calificar Información
 
Contenido de sección

SOLO UNA COSA EN NAVIDAD

Era el día de la noche buena, la que antecede a la navidad, previamente Memo había escrito con mucho esmero la carta que debería poner en un globo para Santa Claus, esa carta que con ilusión escribía él y cada uno de sus 4 hermanos, cuando las tenían lista la Nana Juanita los llevaba a enviarla al Parque de los Venados, en donde la amarraban en un globo inflado con helio, que la llevaría hasta los talleres de juguetes de Santa Claus, esa carta que tanto revuelo hoy producía en su mente y en la que hacia su petición con toda ilusión de los juguetes que esperaba obtener en premio a su buen comportamiento y excelentes calificaciones durante el año. Pero esta vez no era así, esta vez todo estaría concentrado en una sola cosa, creía y estaba ilusionado por que su Tía se lo había dicho meses atrás, dijo ella, que si se concentraba y ponía todos sus deseos en una sola cosa, quizá a santa no se le olvidaría o no se distraería con las otras tantas y siendo así se crearía Magia, se realizaría un Milagro en Navidad y finalmente Santa como él lo llamaba le concedería lo que pedía como su tía se lo había dicho. Escrito al centro del papel y con letras mayúsculas se podía leer en infantil letra manuscrita y remarcada lo siguiente. . .

Por favor santa,
Hoy solo una cosa
“Una Bicicleta Roja con pequeña llanta delantera y manubrio alto”
Una de esas que llaman Vagabundo

El pequeño Memo había cumplido, “SOLO UNA COSA”, aquella bicicleta roja con pequeña llanta delantera y manubrio alto, que tantas veces había visto en las tiendas del centro de la ciudad y que tanto deseaba desde hacía ya tres años y que a base de recados encontrados al pie del árbol de navidad, con promesas y escusas de futura entrega lo que había venido postergado su llegada, aunque no entendía por qué no llegaba, seguía ilusionado con el hecho de que una mañana Fría de Navidad, encontraría la cosa, como el la llamaba y que tanto deseaba.

En la parte de abajo de la casa todo era un alboroto, había llegado la Tía Norteña que todas las Navidades les visitaba y era la encargada de hacer las gorditas duras y tortillas de harina para el recalentado en propio comal que cargaba desde su natal ciudad, el alboroto no era por ella en sí, si no por el sin fin de regalos que su llegada representaba, su madre como todos los años recibía los por menores de la familia y los detalles de los últimos eventos, la Tía Norteña, hermana de su madre tenía una particular preferencia por Memo a quien a gritos, cual loca le llamaba desde antes de bajar del automóvil que la había trasladado desde el aeropuerto, gritos a los que en respuesta el chiquillo bajaba Feliz y apuradamente las escaleras brincando de dos en dos los peldaños, para caer en los brazos de quien le hacía sentir tan bien y le brindaba tanta atención, aunque solo fuera por unos días al año.

La Tía norteña, quien meses atrás, en la visita que le realizara Memo en las vacaciones de verano, le había hablado de la Magia de la Navidad y de la fuerza de la Fe y de que quizá esta fuera la culpable de no obtener de Santa, los beneficios solicitados y todo debido a no hacerlo con la fuerza y Fe necesaria. ¡¡¡Ahhhh!!! Que bien se sentía estar con alguien que lo entendía, atendía, mimaba y protegía, con ella no eran necesarios los regalos, su presencia era el mejor regalo que podía esperar, aunque no quitaba de su mente la carta con la solicitud de aquella cosa esperada.
Ya en sus brazos le dijo al oído, “hice lo que me indicaste Tía”, lo escribí con todas mis fuerzas, sabes Tía, casi rompo el lápiz de tanta fuerza que puse al hacer mi carta a SANTA, además creo que ya sé que es la Fe, sabes, creo que unas gotas de Fe mancharon la carta que hice a Santa, espero que eso no le importe y reste fuerza a mi pedido, inmediatamente se acurruco sobre el hombro de la tan querida Tía Norteña quien trago saliva y lo palmeo un par de veces en su espalda, no te preocupes mijo, todo va a salir bien, ya verás que esta vez Santa si escucha tu solicitud, la Fuerza y las gotas de Fe que pusiste en esa carta, harán que Santa las lea tan claro como se escucha tu voz en mi oído, dijo la Tía al chiquillo, ¡Verdad hermana! Pregunto a la madre de Memo, quien asintió con la cabeza, no sin antes enjugar una lagrima que resbalo por su mejilla; la madre del chiquillo indiscretamente había escuchado las palabras que su hijo susurrara a la Tía Norteña, así será, así será hermana.
Serían las 8 de la noche, aquella casa parecía un gallinero a la hora de repartir el alimento, algunos corrían sin razón por los pasillos, otros peleaban por los baños para tomar una ducha, algunos más retocaban y re planchaban la ropa que se pondrían, o escogían algo vistoso entre sus pertenencias guardadas en grandes maletas, otros husmeaban en las cazuelas y el horno de la cocina, el padre de Memo enfriaba la sidra y el vino con que se brindaría en la cena de Noche Buena, el olor a espagueti, romeritos, bacalao, ensalada de noche buena, pierna y pavo llenaba las habitaciones y los espacios que en el ambiente quedaban libres, los llenaban los sutiles e incitantes olores a los deliciosos postres que se estaban cocinando; pastel, flan, leche quemada y las riquísimas tortillas duras que la Tía Norteña había terminado de preparar, era tan agradable el aroma que los vecinos llegaban a gritar, ¡¡¡Vecinos, al rato paso a dar el abrazo, me guardan de lo que están haciendo, no se lo acaben!!!.
Finalmente dieron las 10, solo faltaba el Tío Guillermo, hermano menor de la madre de Memo y a quien debía su nombre, venia de Querétaro en auto con su esposa y seis hijos. Se escuchó el claxon del auto del Tío Guillermo a eso de las 10:15, que bueno que llego a tiempo pensó Memo, mi madre se pone mal si no nos sentamos a cenar en punto de las 11:00, hoy todo debe ser puntual, empezar a cenar, abrir los regalos que los invitados traen y los que nosotros les damos.
Memo el chiquillo de ojos con mirada profunda como lo llamaba su Tía de Querétaro, desde el quicio de la escalera se quedó observando el cromo navideño que su mente guardaría por el resto de su vida y pensó en lo hermoso que se veía el árbol de Navidad lleno de esferas y luces de colores destellando, prendiendo y apagando, enmarcando la espectacular estrella que había pertenecido a la abuela y que ahora adornaba la punta del árbol natural que su madre con tanto esmero escogió cuidando que fuera lo más simétrico posible.
La sala a reventar, ya estaban todos los invitados y familiares, comían botanas y disfrutaban del ponche caliente que se había preparado para esa tan esperada noche, algunos adultos tomaban bebidas con alcohol, se escuchaban diferentes platicas y algunas risillas, algunos primos de Memo intentaban averiguar por las partes laterales que había en las cajas de regalos amontonadas a esas alturas y depositadas de manera casual bajo el espectacular árbol, fue entonces que se escuchó la voz de su Madre en tono de instrucción en punto de las 10:50, A LA MESA POR FAVOR, TOME CADA UNO SU LUGAR, LA CENA ESTA LISTA, previamente el padre de Memo como era su costumbre, había escrito en tarjetas personalizadas el nombre de cada uno a manera de identificador el que por su letra y diseño eran motivo para conservar, se sirvió la cena y los postres y a las 11:45 en punto, se realizaron los respectivos brindis, algunos dejaban correr lágrimas de Felicidad por las certeras y emotivas palabras pronunciadas por los oradores y en punto de 12:00 se escuchó un estruendoso ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!, seguido de un desorden, todos dejaban sus lugares para ir a abrazar a quien más querían y desearle cosas hermosas, al menos eso es lo que pasaba por la mente de Memo.
Era la 1:45 cuando Memo no pudo más, por más que se esforzó por mantener los ojos abiertos y seguir viendo que se regalaban unos a otros y sorprenderse con los diversos contenidos de las cajas, elegante y vistosamente adornadas las que se abrían causando Felicidad y Alegría, lo sorprendió el cansancio sentado en el sofá personal en donde se encontraba la Tía Norteña y quien lo alojaba en su regazo, habían sido demasiadas emociones para un día, cariñosamente la Tía Norteña se acercó al pequeño para desearle dulces sueños y acariciar tiernamente sus rizados cabellos.
No había clareado completamente aún en el cielo, se podía apreciar aun la silueta de la luna a manera de pintura de acuarela y fue entonces cuando Memo abrió los ojos, pensó en levantarse y bajar corriendo, se contuvo y no lo hizo, se giró en su cama aún tibia que lo invitaba a cerrar los ojos y seguir durmiendo, jalo la cobija a manera de taparse como si algo lo asustara y de pronto “ZAZ “ de un brinco salto de la cama, corrió a la ventana y juro haber alcanzado a ver la parte trasera del trineo de Santa el que desapareció quizá solamente en su mente por un lado de la azotea de un edificio lejano, el chiquillo dio la vuelta y corrió hasta el filo de la escalera, pensó en si bajar rápida o lentamente, no lo sabía aún, no sabía qué hacer, sus pantuflas al caminar por más que lo intento sin lograrlo, hicieron tanto ruido sobre la duela de madera que despertaron a sus primos, los que empezaron a gritar por la incertidumbre y las ganas de correr a revisar que había dejado para ellos SANTA, al escuchar el alboroto no lo pensó más y empezó a bajar las escaleras lenta y sigilosamente, no volteaba directo hacia el árbol por temor a no encontrar la cosa, esa cosa que le inquietaba y podría destrozar su corazón si no estaba al pie del hermoso árbol, finalmente llego al fin de la escalera que parecía el doble de larga en aquellos momentos, no podía más, estaba ahí parado al pie de la escalera y con los ojos cerrados esperaba que de algún lugar alguien le diera alguna indicación que lo hiciera abrir los ojos o quizá simplemente esperaba un poco de valor para atreverse a hacer lo que tanto miedo le daba, fue entonces que recordó las palabras de su Tía Norteña, el recuerdo que llegaba a su mente como un rayo de luz que entra por la ventana, lo ayudo y fue entonces que obtuvo el valor para abrir los ojos. Sentía que su corazón saldría disparado de su pecho de tanta emoción, poco a poco fue girándose para descubrir que era cierto todo lo que la Tía Norteña había dicho, ERA CIERTO se había hecho realidad, el ambiente estaba saturado de olores a colación y frutas y combinados con el aroma a pino, realmente se podría pensar que era mágico el momento y el ambiente, el milagro se había realizado, ahí estaba la cosa, aquella cosa tan esperada, ROJA como la sangre que palpitaba dentro de su Infantil Corazón y RELUCIENTE y brillante como el anillo de compromiso que su madre aun lucia con tanto orgullo en alguno de sus dedos, el gran moño azul la hacía verse aún más roja y brillante, de aquel hermoso y gigantesco moño colgaba un sobre, rápidamente se acercó y desprendió el sobre del que saco una tarjeta en la que pudo leer las siguientes palabras.
Memo: nunca pierdas la Fe que has conseguido y pon en tu futuro todas tus fuerzas y amor en lo que hagas, así con la fuerza que me hiciste la carta, deberás en un futuro hacer todo lo que tenga valor en tu vida y no te importe si en algún cometido derramas un par de gotas de Fe, Finalmente la fuerza del amor es lo que mueve los corazones de los humanos, nunca olvides esta hermosa Navidad por el resto de tu vida y Recuerda siempre que “Los milagros y la magia existirán mientras pienses en ellos”

Te quiere siempre SANTA.


Memín: Cuauhtémoc A. Cuevas Moctezuma
 
Asistente de la Dirección General Adjunta de Regulación y Verificación

 

Actualizado por el administrador del Sitio Web el
miércoles 17 de junio de 2026
Menú secundario Segundo Lugar
 
SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN - ALGUNOS DERECHOS RESERVADOS - POLÍTICAS DE PRIVACIDAD
SEGOB
Versalles 49, Piso 2, Col. Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc

Ciudad de México, C.P 06600